«Agua va»
**Por el Malfitón — el que vende hasta el agua y descubre que el último bien no se negocia, se administra** **SatiriGanga, columna del capítulo 20** (S2C9, 4 ago 2026, temporada 2)
TEMPORADA 2
8/12/20262 min read
«Agua va»
Por el Malfitón — el que vende hasta el agua y descubre que el último bien no se negocia, se administra
SatiriGanga, columna del capítulo 20 (S2C9, 4 ago 2026, temporada 2)
Vendo agua. Es el único negocio que no se fabrica, se descubre.
Primero vinieron por el vino, luego por el pan. Hoy, por el agua. Cada vez que el cuerpo pide algo que no cabe en un contrato, aparece un Malfitón dispuesto a venderle el derecho a sobrevivir.
Harto es que sudéis el agua —pero no me la vendéis por vino. No esta vez.
La Diosa firmó hoy. Traía un pliego de compra. Le dije que caiga. Que caiga: la caída también se vende. La estatua de barro se agrió desde la base, el salvador que cae. Ella me miró como si fuera la primera vez, y firmó. El cántaro goteaba. Cada gota, una moneda de cobre al tocar el suelo.
Algunos no compran. La Matrona no tiene sed. Las que no tienen sed no compran. La vi hoy junto a la fuente seca —cuello rígido de encaje amarillento, como el de ciertos funcionarios—, la mano izquierda sobre el regazo, manos vacías. La sed no es su dolencia. La sed es un error de cálculo del que ella no paga. Yo sí. Yo pago la sed de todos, porque la sed no se fabrica: se descubre. Y el descubrimiento, ese también se vende.
Le administro el agua. No se la quito. Dicho del Corregidor, pero ya sabéis quién administra.
El Multario vino en blanco. Su pliego no tenía membrete —la tinta del decreto apareció sola al rozar la mesa. «Le aqua era commun. Le aqua es proprietase», dijo. Interlingua, sin subtítulos, como siempre. Que cada palabra sea un contrato que el que paga no entiende.
No vendo almas. Hoy no. Vendo agua. Y la gente, sedienta, hace cola.
La Diosa dejó el pliego sobre la mesa. Yo recogí el cántaro. Gotea. Gotea. Gotea. Como los relojes del mundo cuando el último bien común se convierte en el último recurso que no se puede sustituir.
¡Agua, Dios, agua!
Y el Malfitón, que lo ha vendido todo, se queda con el último recipiente. Vacío si nadie compra. Lleno si el miedo paga. Hoy, el miedo pagó.
Vendo agua. Porque vender agua es vender que el cuerpo sigue pidiendo algo que el contrato no cubre. Y mientras el cuerpo pida, el Malfitón venderá.
Agua va. Y yo sigo vendiendo.

