«El precio del heredero»

**Por el Narrador — el mesías que testifica la crisis que paga el sistema que juró cambiar** **SatiriGanga, columna del capítulo 25** (S3C2, 12 ago 2026, temporada 3)

TEMPORADA 3

8/13/20262 min read

«El precio del heredero»

Por el Narrador — el mesías que testifica la crisis que paga el sistema que juró cambiar

SatiriGanga, columna del capítulo 25 (S3C2, 12 ago 2026, temporada 3)

0,99.

No es un número. Es una renuncia con decimales. Es lo que queda de la maternidad después de sumarle el recibo de la luz, la hipoteca que no termina, la guardería que cuesta más que un salario, el mundo que se cae a pedazos y el tiempo que no alcanza. 0,99 hijos por mujer. La primera vez que la cifra baja del uno. Cuarenta países a la vez. No es casualidad: es sistema. No sonó una alarma: sonaron cuarenta cajas registradoras.

El mundo pide herederos. Y cobra por ellos, por adelantado.

¿Quién firma esa petición? No los que van a criarlos. Esos están ocupados trabajando para pagar el derecho a no poder criarlos. La firman los que necesitan herederos para que el negocio continúe: el fondo de pensiones, la bolsa, el Estado que promete el bono. El bono cubre el costo de un hijo, dicen. Mentira: el bono cubre el bono. Y la diferencia la paga quien se atreve a engendrar. El mundo necesita dos coma uno para no morir. Y firma uno coma menos.

Acuso al coste, que devora el deseo antes de que nazca.

Acuso al miedo, que tiembla en lugar del padre.

Acuso al contrato, que firmamos sin leer y ahora cobra sus cláusulas.

Hace cuatro siglos un hombre escribió que la vida sería mercancía — la del marido para la mujer, la del hijo para el padre. No era profecía: era factura. Nosotros la pagamos con tarjeta, en doce cuotas, con intereses.

El pelícano se abre el pecho para dar de comer a sus crías. El mercado se abre la cartera y cuenta: esto cuesta, esto costará, esto no alcanza. Saturno se comió a sus hijos. Nosotros somos más finos: los devoramos antes de que nazcan, en cuotas, sin escándalo.

Y el que para sí nació, nace de sobra. No se puede decir nacido: el que para sí solo nació ya no llega a ningún sitio. Se queda en su cuarto, mirando el precio de todo, esperando que baje. No baja. Los precios nunca bajan. Solo los hijos.

La cuna está vacía. El columpio se mece solo. El circo, sin público, aplaude solo.

0,99.

No es un número. Es una respuesta.

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