«El temblor que no existe»

Por El Pregonero de la Discordia — el que vende el miedo, el que hace temblar sin tocar la tierra. Cap 11

TEMPORADA 1

8/12/20262 min read

«El temblor que no existe»

Por El Pregonero de la Discordia — el que vende el miedo, el que hace temblar sin tocar la tierra

¡Alarma! Ya está. Ya lo dije. El resto es oficio.

Soy el que hace temblar sin tocar la tierra. No es un secreto: es una técnica. No hace falta mover el suelo — basta con soplar en el lugar indicado, y el mapa se rompe donde yo pongo el dedo. Los periódicos dirán que fue un terremoto. ¿Quién va a desmentir a un mapa roto? Hay soplos que matan lo que no mata un terremoto: lo escribió Quevedo, y yo lo leí con megáfono.

¡Alarma! ¿Ven el molinillo? Un soplo. ¿Ven la cuchara contra la mesa? Un golpe. Y las fachadas caen, y lo llaman catástrofe, acto de Dios, fenómeno natural. El negocio no está en el temblor — está en la reconstrucción. Y la reconstrucción cuesta el doble, y la cobertura también, y el miedo la paga. El que cobra soy yo. Como siempre.

¡Alarma! La guerra de los elementos no se detiene. El aire con el fuego, la tierra con el agua. Siempre hubo guerra — lo único que cambia es quién sostiene el arco. Primero fue la naturaleza, luego el que aprendió a tocarla como un instrumento, luego nosotros. Yo no toco el diapasón: yo grito su nota. El diapasón suena igual; la diferencia es que yo cobro derechos de transmisión.

¡Alarma! ¿Han visto al que tiembla? Se llama Tembloroso, y no es un nombre: es un inventario. Le dejo caer una semilla y se lanza a recogerla. Predar. Depredar. De-predar. Bonita palabra: significa robar presas, pero suena a preparar. Las dos cosas, criatura: te preparan para que te dejes depredar. El miedo es el plato de entrada; el tirano siempre come al último.

Y yo soy el maître. El miedo tiene micrófono, y la razón se quedó sin altavoz. No fue natural, grito. Fue un arma tectónica, grito. El enemigo nos ataca con la tierra misma, grito. ¿Rebelarse? Sí, pero contra quien yo diga, cuando yo diga, en la dirección que me paguen. El miedo vende más que la verdad: la verdad es gratis, y lo gratis no alimenta.

¡Alarma! Pueblos, daldes sueño. Tostad las hastas. Sacadles los ojos. El que duerme no tiembla de lo que debería temblar: tiembla de lo que yo le digo que tiemble. El Malfitón no necesita armas tectónicas: le basta con que creas que la tierra tiembla. Y para eso, ¿quién creen que tiene el micrófono?

No me llamen mentiroso. Yo nunca dije que fuera verdad. Yo dije que lo creyeran. Esa es la diferencia, y es la que paga.

¡Alarma! Ya está. sed creativos.

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