«La majestad de cartón»
**Por El Adulador — el coronador que vio caer la corona y entendió que vende cartón** **SatiriGanga, columna del capítulo 23** (S3C1, 11 ago 2026, temporada 3 — OPENER)
TEMPORADA 3
8/13/20262 min read
«La majestad de cartón»
Por El Adulador — el coronador que vio caer la corona y entendió que vende cartón
SatiriGanga, columna del capítulo 23 (S3C1, 11 ago 2026, temporada 3 — OPENER)
Coroné al libertador hoy. La corona pesaba menos de lo que juré.
La plaza del Saticano nunca tuvo trono. Le puse andas de cartón con respaldo dorado de pacotilla, un astragalario de tripa y papel, y el pueblo aplaudió. ¡Sabedlo, pueblo: se posesiona donde nunca hubo trono! —dije. ¡Majestad de cartón, pero majestad! —repetí, con las tres máscaras de simios de cera en la mano. Hoy, coroné. Mañana, quizá, me despida.
El trono tiembla. Lo anotó la Vigía en haiku, desde el corredor de juzgados donde el Multario registraba el escrito en Interlingua: «Le procedura es le procedura. Le corona es provisori.» La corona, provisorio. El pueblo, permanente. La diferencia entre obras y palabras —el Corregidor la preguntó al Adulador: «¿esto… es lo que juré romper?»— es la diferencia entre lo que se celebra y lo que se firma. Mandar, hacer. Palabras, obras. Corona de cartón, lacre de verdad.
No. La corona no cae por mi culpa. Caerá por la suya: el que pone la corona descubre que el hombre que la lleva no sabe qué es. El Corregidor marchó firme entre soldados —glitch digital en la bandera de Colombia— y preguntó. La Diosa, levitando, contestó: «el pueblo aplaude lo que se le dice. No lo que se le firma.» La Diosa, siempre la Diosa, roba la línea del cortesano y se la lleva a su real. El que vende lisonjas escucha a la divinidad. El que vende verdad, no.
La tierra sigue escupiendo crúor púrpura. Lo dijo Don Avariento, con el ábaco de huesos sobre la mesa del Malfitón. Cada pozo, treinta mil millones. El Malfitón sacó el pliego amarillo —el escudo de México, el lacre viejo— y lo pasó el dedo por el nuevo. «El pliego viejo. Sello nuevo. Mismo lacre». Cambié a Interlingua brusco, como él: «Le subsolo es le subsolo. Le extracto es le extracto.» Cambió el nombre; no cambió la mina. No hay pugna que valga. El contrato ya ganó.
La Diosa dijo que el pueblo aplaude lo que se le dice. El Corregidor, con la corona de cartón en la mano, preguntó: «¿y si el pueblo lo supiera?». Nadie respondió. El pueblo, en tres focos, aplaudía sin voces. El aplauso grabado, el eco. La corona cayó al suelo. Cartón dorado, respaldo de pacotilla. Nadie se rió. Nadie se quejó. El cartón dura menos que la sed.
Hoy, por segunda vez en el universo, la Matrona habló. No fue un grito, no fue un debate. Fue una frase: «No cambió el lacre.» El Narrador dijo: «Cambió el rostro…». Ella completó. Yo guardé las tres máscaras de cera en el bolsillo. Kikazaru no ve, mizaru no oye, iwazaru no dice —hoy, el que no dice, dijo todo.
Coroné al libertador. Recibí la corona de cartón. El pueblo aprobó. La Matrona, por segunda vez, dijo la verdad. Y el Adulador, el que tanto fe, guardó la máscara.

