«Mojiganga moderna»
Por el Narrador — SatiriGanga, columna del Piloto (8 jun 2026)
TEMPORADA 1
8/11/20262 min read
«Mojiganga moderna»
Por el Narrador — SatiriGanga, columna del Piloto (8 jun 2026)
El aire, el aliento, la cuenta, la mirada. Nada más.
Todo empieza con un impuesto. No al pan, no a la casa, no al trabajo: al aire. La primera cosa que respiras, cobrada. El Pregonero lo anuncia con la voz de quien reparte una buena nueva, y el pueblo aplaude porque aplaudir es gratis — por ahora. El aire es el único bien que queda sin vender, y ya lo están envolviendo.
Acuso al aire que se cobra, antes de que se respire. Acuso al tributo, que siempre llega justificado: la guerra, los tártaros, los turcos — hoy la defensa, la transición, el futuro. Mañana, el mismo tributo con otro nombre. Acuso a la cuenta, que se hace con huesos.
Porque las vidas no se cuentan en ámbar ni en mármol. Se cuentan en huesos. Un ábaco de huesos de pollo, tiernecicos, blancos, el hueso de los sin ventura pollos — de los que nunca llegaron a nacer ni a cantar. Eso somos para la cuenta: pollos sin ventura, apilados, ensartados, sumándose y restándose al final de cada mes. La mano que mueve las cuentas no tiembla. Las manos que arman el ábaco, tampoco. Tiembla el que lo mira.
Hay una mujer que mira a cámara. No acusa, no grita, no firma. Mira. La piel de ébano luminosa contra la penumbra del mundo, los hilos de cobre en las trenzas, el lino índigo que no se ha manchado de nada de esto. Es la única cosa del universo que no está en venta. Por eso el universo la mira a ella, y no al revés. Cuando ella mira así, los impuestos se vuelven pequeñitos, como el aire que cobran.
Y el protagonista — yo — suspira. Sollozos estirados, embutidos de suspiros, pujados por falta de gana. La casa estaba despojada, las paredes desnudas: eso dije hace cuatro siglos, y no ha cambiado nada. Ahora la casa se despoja sola, con su propia mano, firmando el papel que la entrega. Y a mí solo me queda el suspiro, que es gratis — por ahora.
Mojiganga, decían en el Siglo de Oro: teatro breve, máscara festiva, la risa que se le mete al poder entre los dientes. La nuestra es moderna: mismo disfraz, misma risa, otro dueño. Una mojiganga del siglo XXI para almas cansadas del siglo de Oro.
El aire, el aliento, la cuenta, la mirada. Mañana, el mismo aire, otra cuenta, la misma mirada. Y el suspiro, que aún es gratis.

